martes, 29 de marzo de 2011

Adiós a Farley Granger, el extraño tenista del tren



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Especialista en personajes de mente oscura







Los aficionados al cine recuerdan a Farley Granger sobre todo por sus trabajos con Alfred Hitchcock, con quien rodó La soga y Extraños en un tren. El actor falleció el domingo 27 de marzo a los 85 años, de causas naturales, según informa Variety.

29/03/2011
Juan Luis Sánchez
Nacido el 1 de julio de 1925 en San José (California), Farley Earle Granger II empezó desde joven a actuar, en obras teatrales del instituto y en grupos amateur. Fue el legendario productor Samuel Goldwyn el que reparó en su talento, y le ofreció un contrato a principios de los 40, cuando el intérprete sólo tenía 18 años.

Debutó como secundario destacado en La estrella del norte, y The Purple Heart, dos films bélicos de Lewis Milestone. A continuación, se alistó en la Marina hasta el final de la II Guerra Mundial.

Al término de la contienda fue reclutado por Alfred Hitchcock para encarnar a uno de los protagonistas de La soga, un joven universitario que con su amigo asesina a un compañero de clase, con el objetivo de demostrar que pueden cometer un crimen perfecto, y para regodearse en su inteligencia, hasta montan una fiesta en su apartamento a la que invitan entre otras personas a un ex profesor (James Stewart). Este entretenido ejercicio técnico del maestro del suspense iba a estar rodado en un sólo plano, aunque por causas técnicas el cineasta tuvo que conformarse con un plano-secuencia por rollo, e interconectarlos todos de forma discreta.

Esta cinta especializó a Granger en papeles de joven atractivo de mente oscura y compleja. Hitchcock volvió a recurrir a él para protagonizar Extraños en un tren, adaptación de la obra de Patricia Highsmith. Interpretó a Guy Haines, tenista aparentemente modélico, pero atormentado por su esposa, que llegará a establecer un macabro trato con un tipo al que conoce en un tren.

A pesar de que no llegó a convertirse en una gran estrella, Granger intervino en estimables títulos a lo largo de la década de los cincuenta, como No quiero decirte adiós, El fabuloso Andersen, Tres amores, y Senso, de Luchino Visconti.

Después de La muchacha del trapecio rojo, de 1955, dejó el cine para centrarse en la televisión. Regresó al final de su carrera y en los 70 y 80 rodó sobre todo subproductos, muchos de ellos en Italia, donde intervino por ejemplo en Le llamaban Trinidad, junto a Terence Hill y Bud Spencer.

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